No se donde, ni como, ni cuando. Solo se que me encontraba descalza caminando sobre un pastizal. Tan natural, tan esponjoso, y tan verde. Ahí estaba yo dando pasos agigantados en un colchón vegetal que me llenaba de paz. Me di cuenta que podía marcar mi propio rumbo, que había despegado los pies del suelo, y que nunca había dejado de soñar.